Por Daniel Pérez
@Jovendaniel

Ley de Incomunicación

¿Quién gana con tanta restricción absurda?

Hasta hace algún tiempo creía que las leyes eran pensadas en el bien común.

comunicacion

Hasta hace algún tiempo creía que las leyes eran pensadas en el bien común, eran las encargadas de regular en que no  vivamos en libre albedrío, o algo así, por lo menos es lo básico que recuerdo del colegio. Pero desde un hace un tiempo a la fecha, el cacique de Ecuador me ayudó a descubrir que las leyes pueden tener justamente la intensión contraria y la ley de comunicación es el mejor ejemplo.

¿Quién gana con tanta restricción absurda? Si fuera la gran mayoría, las democracias más estables y significativas del mundo la tendrían, pero curiosamente esta ley es similar a la de otros países que no se caracterizan por ser un ejemplo democrático y de un mínimo aprecio a las libertades civiles.

Y hablando de ganadores -más allá del obvio, por así llamarlos gobernantes- está nuestra industria, la cual ha sido un cómplice silencioso de este retroceso hacia occidente. Claro, el dinero que va a generar cerrar el mercado a los extranjeros va a ser brutal. Para algunos pocos dueños de empresas, que ante el desespero de ver perder sus utilizares al no tener nada diferente que ofrecer, vieron en una ley su salvación, la luz que ilumina la mediocridad de no atreverse a innovar y competir.

La soberbia del dinero le ha dicho al mundo: no los queremos, no queremos ideas de afuera ¿Dónde quedó el “sí se puede”?, dejamos claro que no podemos, que preferimos cerrarnos al mundo ante la posibilidad de competir, intercambiar y porqué no, llevar nuestras ideas lo más lejos que podamos.

Lamentablemente vivo en Brasil, un país grande en dimensiones y estrecho en mentalidad, esta misma ley y por suerte menos absurda, irgue por estos lados. Una ley que no me ha permitido trabajar con los mejores talentos del mundo ya que debo trabajar con locales y dar el dinero a los monopolios locales, que es lo que pasará en Ecuador. Se engordan los grandes y los chicos desaparecen. La idea de independencia desaparece y se vuelve todo a escala de volumen y se estandariza la industria, por ende las ideas.

Y para que mis palabras no queden en discurso les comentaré un hecho puntual donde vive lo absurdo de esta ley. Tenía un guión con trenes, en Brasil no hay trenes dignos de filmar y propuse hacerlo en Ecuador donde los paisajes eran perfectos para la narrativa y los trenes son hermosos. Contacté a Vértigo ya que confío mucho en su talento para un proyecto grande y arriesgado, me presentaron una devolución que logró ganarle a todas las productoras locales, el cliente y agencia contentos con poder hacer esto en un lugar tan especial como Ecuador, pero las leyes de ambos países hicieron imposible el proyecto ¿Quién ganó con todo eso? no es el talento ecuatoriano, ni menos una idea que pretendía salir de lo cotidiano y jugar con el mundo mágico de los trenes y que seguramente aportaría un buen momento a más de una persona.

Restringir el talento es un acto que agrede directamente a las ideas y las ideas son el principal recurso humano, el cual debemos cuidar, defender y apoyar, sin importar de donde vengan. Una idea puede hacer del frío, calor; de la enfermedad, salud; de la pena, alegría; y tenerle miedo a las ideas es tenerle miedo a lo nuevo, al cambio, y al parecer esta ley tiene ese único sentido: el temor.

Esta ley nos deja incomunicados del mundo y tiene algunos otros tentáculos que atentan al bien común, pero este es un sitio web de publicidad así que mejor ni hablemos de libertad de expresión, ni recordemos que Ecuador es uno de los pocos países del mundo donde una caricatura ha sido censurada por una ley, de comunicación, irónico.